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Entrevista a Corcobado

noviembre 23, 2011

El cantar de los cantares

 

Vestido con frac de crooner y mecido por la nostalgia, Corcobado revisita algunos de sus particulares clásicos imperecederos

De pequeño, Javier Corcobado ya quería ser crooner, una faceta que ha ido insinuando a lo largo de su dilatada discografía y que exploró a fondo en “A nadie” su anterior trabajo. “Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad” (Pias, 2011) supone, en cierta manera, el paso lógico y natural. “Nunca me he preocupado de cantar muy bien. Las palabas siempre primaron sobre la ejecución vocal. En este disco de versiones he aprendido a cantar mejor”. La génesis de este proyecto nace, nada más y nada menos, del empeño de Corcobado de medirse con las canciones y autores que le han fascinado desde que tiene uso de razón. Un disco placentero para cantar y tocar, confiesa, a pesar de los quebraderos de cabeza al adaptar la enorme orquestación de canciones como “The world we knew”, popularizada por Sinatra, con una banda de cinco aguérridos músicos. “Hay quien sin embargo quiere tener discos en directo, que a mí me espeluznan. Ya hice dos volúmenes de boleros en los años 90, en el que casi todo eran versiones. También ha sido una manera de tener una continuidad con la banda y poder llevar este material a los escenarios. En el momento que estoy de expresión artística sobre las tablas, creo que este disco va como el anillo a dedo”.

Es esta una ecléctica selección que nuestro hombre abre con una sedosa versión de “The shadow of your smile” y remata llevando un paso más allá la psicodelia de la alucinada “Losing touch with my mind”, de Spacemen 3, cubriendo un extenso arco temporal que elude los últimos cinco lustros de música popular. “No me he planteado las épocas. Me he basado en el efecto que me producían las canciones y la belleza que pudieran arrastrar consigo. Es cierto que a partir de los 90 la música popular empieza a decaer en cuestión de composición. Se empieza a llenar de prejuicios y se hacen muchas revisiones y refritos”. Lo que no quiere decir necesariamente que no se dispusiese de suficiente fondo de armario. “Podía haber hecho un disco de 200 versiones fácilmente. He dejado fuera unas cuantas que incluso ya estaban ensayadas o en proceso de arreglos, como “Ansiedad” de Nat King Cole, hecha con vasos, como los músicos callejeros de la Europa del Este. También ha quedado fuera “Ain’t Got No/I Got Life”, de Nina Simone, pero quedaba demasiado rock, tratamiento al que no quería acercarme con este disco. Tampoco he querido usar nada electrónico ni samples”.

Y es que a la hora de vestir a sus santos, Corcobado se ha mantenido fiel al material original, cediendo únicamente a la tentación de la deconstrucción en ese homenaje a la Velvet Underground que se encuentra al final de “El rey”. “Me apetecía ser bastante respetuoso con las canciones, a pesar de que, por ejemplo, “Carioca” tenga saxos en la onda no-wave. Eso incluía atenerme al idioma de las letras. Las canciones de cantantes extranjeros de los 60 y los 70 como Adamo y Matt Monro, que tenían acentos exóticos, me fascinaban”.
Publicado en el número de noviembre de 2011 de Mondosonoro

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