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“El doblaje no es una imposición ni un invento franquista”

diciembre 18, 2008
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A los profesionales españoles del doblaje no les duele que, salvo excepciones, tan sólo trasciendan sus voces de cara al gran público. “Nos hemos dedicado a esta profesión sabiendo que el anonimato es fundamental”, asegura Salvador Arias, uno de los decanos del ramo. Arias ha dedicado 50 años de su vida a la profesión (dirigió el doblaje de Ciudadano Kane) y fundó hace 30 años una de las escuelas más prestigiosas de doblaje, que lleva su nombre.

También parecen resignados a que la industria del cine español no reconozca, en forma de galardón, su labor. Eso sí, se encuentran ya algo hastiados de que “durante años se hayan vertido datos muy inexactos” con respecto a su labor profesional. Lo afirma Pablo del Hoyo, presidente de Adoma (Asociación de Actores de Doblaje de Madrid). “No queremos entrar en polémicas con ningún colectivo, pero sí que se nos respete y que se nos valore. Da la impresión de que, a base de repetir ciertos engaños, se intenta crear una verdad”. Ambos profesionales tienen su propia opinión sobre lo que consideran “mitos” acerca del doblaje.

El doblaje es una herencia del franquismo

“Esto no es una imposición ni un invento franquista”, asegura del Hoyo. “El doblaje en españa nace mucho antes de que acabase la Guerra Civil. Desde los comienzos del cine sonoro, Hollywood tiene la necesidad de vender su producto en Europa y se encuentra con el problema del lenguaje. Al principio el doblaje al castellano se realizaba con profesionales sudamericanos con distintos acentos, pero el invento no cuajó. Se creó entonces en Francia (donde Paramount tenía ubicada su sede europea) en 1931 un estudio para doblar películas a distintos idiomas, como el español, donde trabajaron profesionales de la radio y el teatro. A partir de 1933, se empezaron a abrir estudios de doblaje tanto en Madrid como en Barcelona. Al acabar la guerra civil ya existían unos 14 estudios de doblaje. Nuestra disciplina, como sucedió en otros ámbitos de la cultura, se tuvo que someter al fantasma de la censura, aunque en nuestro caso se nos sigue estigmatizando”.

La primera película doblada al español, por cierto, fue Entre la espada y la pared (Marion Gering, 1932), y se grabó en el pueblo francés de Joinville.

Los profesionales del doblaje están forrados

No es tarea fácil calcular el suelo medio de un profesional del doblaje. Las cantidades difieren en función de que se interprete a un actor protagonista o a otro de reparto. Se trata además de una profesión en la que se suceden maratonianas sesiones de trabajo con periodos tranquilos (lo que en el argot del doblaje viene a decir que el teléfono apenas suena).

Para del Hoyo, “el tema de las altas retribuciones económicas de los dobladores es otra leyenda en torno a la profesión. Los míticos dobladores de hace 40 años, que era el momento en que el doblaje se encontraba en su momento dorado, tenían que trabajar muchísimo. Yo trabajo todos los días del orden de 14 a 16 horas, y la gente que da sus primeros pasos tiene que compaginarlo con otro tipo de profesión. No pueden vivir de esto”.

Para rodar un capítulo de una serie se suele tardar dos jornadas, de seis horas y media cada una. En el caso de una película, cada uno de los personajes se graba en una banda independiente. “Las películas llevan más tiempo, porque tienes que doblar la secuencia tantas veces como actores participan. En este caso, se suelen invertir del orden de diez a catorce jornadas de trabajo”.

El doblaje tiene parte de culpa de que nos cuesten los idiomas

“Me parece exagerar las cosas”, resopla encendido del Hoyo. “Cuando se nos dice, por ejemplo, que en Portugal se habla mejor inglés gracias a que no se practica el doblaje, yo me pregunto: ‘¿Has vivido en Portugal y lo has podido comprobar?’. Claro, y en Suecia se habla fenomenalmente inglés y no creo que se deba precisamente a que no se doblan las películas. Yo llevo treinta años en la profesión, escuchando a diario hablar en inglés, y nunca he aprendido el idioma. Según ese razonamiento, acabemos con las traducciones y que la gente aprenda todos los idiomas. Tiene tan poco sentido como que prohiban las versiones en español de los best-sellers literarios como el El Código da Vinci“.

Algunos doblajes son desastrosos

Según Pablo del Hoyo, algunos de los doblajes al español más polémicos de la historia del cine, como el de El resplandor, de Stanley Kubrick, fueron precisamente dirigidos por cineastas como Carlos Saura (que eligió al actor Joaquín Hinojosa para doblar a Jack Nicholson), y no por profesionales del rodaje. “Históricamente, el doblaje se ha hecho muy bien en España. No porque queramos sacar pecho, sino porque directores norteamericanos como el mismo Kubrick se han sorprendido al ver lo profesionales que éramos y el resultado final que brindábamos. Hay directores que incluso nos han confesado que el profesional del doblaje aportaba mayor calidad de matices que el actor original”.

Las películas dobladas alteran la esencia de la película

“La versión original nunca funciona cuando no se domina el idioma en que hablan los actores. No podemos apreciar los matices de las interpretaciones porque tenemos que estar leyendo los subtítulos. Por otra parte, los rótulos en español no siempre se corresponden con lo que los actores enuncian, porque cada línea tiene que limitarse a 17 caracteres”, apunta Salvador Arias.

“Cuando un espectador ve una película, elige lo que quiere ver de antemano, y una de las posibilidades es dedicarse a leer los subtítulos, que son una versión muy disminuida del texto que enuncia el actor en pantalla. Oyes unas interpretaciones, pero no captas en su conjunto la película. Se puede pensar que hemos acostumbrado al público al doblaje, pero este no es tonto. Si de verdad no le gustasen las películas dobladas no repetiría en este formato”, rubrica del Hoyo.

El boom televisivo ha perjudicado la calidad del doblaje

Salvador Arias lo tiene claro: la aparición de la televisión ha perjudicado notablemente al doblaje. “Las televisiones han dado más trabajo, pero han perjudicado a la calidad. Las televisiones no exigen la calidad que imponían las distribuidoras cinematográficas antaño; sólo les interesan los spots que se insertan durante las series o las películas”.

Pablo del Hoyo disiente en parte de la opinión de su colega. “En la televisión, como en el cine, hay doblajes magníficos y otros no tan buenos. Es cierto que para los doblajes televisivos el proceso puede ir más rápido, porque también los margenes economicos que deja la televisión son inferiores. Admito que ahora que hay más profesionales que se dedican al doblaje puede haber entrado gente que no esté tan preparada, pero es que el número de dobladores se ha incrementado un 300% con respecto al periodo clásico”.

La traducción quita la gracia a los gags de las comedias

Anjana Martínez es la autora de la tesis La traducción para el doblaje de humor basado en la polisemia: los hermanos Marx cruzan el charco, en la que analiza 240 juegos de palabras de los Hermanos Marx y sus traducciones en castellano. En el 65 de los casos “se logró trasvasar el efecto del humor de un idioma a otro”, en muchas ocasiones por el trabajo de cosecha propia del traductor.

Para Anjana, que rompe una lanza a favor de su profesión y lamenta el ritmo frenético que se suele imponer a los traductores en las obras audiovisuales, lo importante en las comedias es mantener el efecto del gag, aunque para ello sea necesario adaptarlo.

“La gente habla de que hay que mantener la fidelidad a la obra general, y piensan que se es más fiel cuanto más literal, pero esto no es así. Existen palabras polisémicas en inglés cuyos significados en castellano no son equivalentes. Siempre que se pueda,  hay que mantener los referentes que se manejan en la versión original, pero si no se conocen éstos, hay que cambiarlos. Esto no quiere decir que se llegue al extremo de la serie El príncipe de Bel-Air o Sabrina, en cuya versión española se hacían chistes a costa de Jesús Gil“, explica.

Artículos relacionados:

¿Por qué se doblan las películas en España?

En contra:  Imagina a Bruce Springsteen con acento de Hospitalet cantando “Nacido en Estados Unidos”.

Publicado en ADN.es

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