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Peligro: grabar este disco te puede costar la vida

noviembre 28, 2008

brianwilson

Chinese democracy, el nuevo disco de canciones nuevas de Guns N´ Roses tras ¡17 años! no va a salvar el rock, pero tampoco es un desastre absoluto, y lo peor que le puede pasar a un álbum que ha sufrido mil retrasos hasta que ha visto la luz es que provoque indiferencia.

Si suena tan disperso es porque sus canciones han sido grabadas por decenas de personas, tantas como Axl Rose ha expulsado en los últimos años. Si parece tan sobreproducido es porque ha costado 13 millones de dólares, se han utilizado hasta 14 estudios y en algunas canciones aparecen hasta seis guitarristas acreditados. Si sus melodías tan pronto te recuerdan a Prodigy como a George Harrison es porque los primeros temas se comenzaron a grabar a mediados de los 90 y Axl se ha subido a unos cuantos carros de moda para después apearse indeciso.

Si las mascotas se acaban pareciendo a sus amos, los discos que se paren con dolor y se dilatan tanto en el tiempo acaban reflejando la personalidad de sus creadores, y Chinese democracy es neurótico y egocéntrico. Axl Rose ejemplifica a la perfección el paradigma de músico afectado por el bloqueo creativo, y es el el último heredero de una estirpe de músicos que han perdido la cabeza, su público o su momento tras pasarse meses, hasta años, perdidos en los estudios de grabación.

Camino de perfección

Frente a los artistas vagos, los genios perfeccionistas. A Brian Wilson no le bastaba con haber parido Pet sounds (1966), una de las obras maestras del pop. Quería hacer una “sinfonía adolescente para Dios”, así que se embarcó en la imposible tarea de reflejar la música que aparecía en su cabeza, agujereada por el consumo de LSD y los desórdenes mentales. Las grabaciones de Smile le alejaron del resto de los componentes de The Beach Boys y dieron lugar a momentos surrealistas (hábilmente parodiados en Dewey Cox, una vida larga y dura), como cuando obligó a su orquesta a ponerse cascos de bombero para grabar Mrs. O´Leary Cow.

Su deterioro mental provocó el abandono de su mano derecha, el productor y arreglista Van Dyke Parks, lo que, unido a la aparición del Sgt. Pepper lonely hearts club band, que exhibía sin esfuerzos algunos de los pasajes instrumentales en los que se embarró Wilson, provocó que el proyecto se cancelara sine die. Durante años, el mercado pirata se inundó de grabaciones supuestamente pertenecientes al disco maldito de The Beach Boys, aunque esta historia tiene un final feliz. En 2004, un recuperado Brian Wilson publicaba el álbum en solitario, con menos voz, pero con los arreglos e inspiración originales.

El triunfo de la voluntad

A Portishead les venía corta la etiqueta del trip-hop, en la que siempre se encuadró a la banda de Bristol. Tras publicar su fantasmagórico segundo álbum, Beth Gibbons, Geoff Barrow y Adrian Utley se prometieron no volver a editar nada hasta no conseguir exactamente el disco que querían hacer. La decisión les costó años de sequía creativa, en los que escucharon sin parar bandas de krautrock alemán como Can. Once años después, Portishead sólo conservan su nombre original. En su mil veces retrasado Third han dejado de lado la elegancia sedosa y nocturna de sus dos discos anteriores para convertirse en una célula terrorista que desmonta a placer las estructuras tradicionales de la canción pop. Toma nota Axl.

Stereo MCs son más vagos que perfeccionistas. Su hip hop mutante llegó a lo más alto de las listas mundiales gracias al single Connected, incluido en su tercer disco, pero luego decidieron decelerar el ritmo. ¿Para qué correr? Deep Down And Dirty no se publicó hasta 2001, y tampoco es que sus canciones supusieran un cambio radical de estilo, pero como su genio creativo permanecía intacto, nadie les pidió cuentas.

El difícil segundo disco

Las bandas inglesas guardan como oro en paño las portadas que le dedica el New Musical Express cuando estrenan su primer single. Ya saben que, cuando publiquen el difícil segundo disco, los mismos críticos que alababan su debut molón tratarán de cargárselos, y eso genera ansiedad y bloqueo creativo a la hora de componer las nuevas canciones.

Que se lo digan a The Stone Roses. Los mancunianos sublimaron la fórmula de melodías pop y música de baile que años antes había ideado New Order. Su homónimo disco de debut, un clásico inmediato del pop, sentó las bases de la escena de Manchester y el verano del amor y el éxtasis. Basta de lágrimas por la disolución de The Smiths, el futuro era de Stone Roses, ¿o no? Cuando Second coming se publicó, cinco años después, los británicos estaban más ocupados en decantarse por Oasis o Blur que de acordarse de la banda. Para colmo de males, el disco resultaba un ladrillo, de sonido pesado y hard-rockero y abulia creativa. Tardaron poco en separarse tras el desastre.

The La´s son responsables de tres de los minutos más bonitos de la historia del pop inmaculado. There she goes, con ese estribillo a lo George Harrison que se repite hasta cuatro veces sin que le acompañe ninguna estrofa, es una canción imprescindible en fiestas y películas indies. Desde entonces su compositor Lee Mavers se ha pasado veinte años tratando sin éxito de invocar la misma magia y prometiendo que habrá un segundo disco del grupo.

Reyes sin reino, reinas díscolas

Ahí van los datos de Invincible (2001): cinco portadas distintas, seis años de espera, siete productores, 16 canciones, 21 millones de dólares invertidos, 77 minutos de duración. Michael Jackson se pasó seis años soñando que seguía siendo el rey del pop, pero mientras dormía a pierna suelta, el pueblo se rindió al Spice Power y descubrió nuevas escenas como el UK Garage y el nu metal. Jacko salió al balcón tras su letargo esperando que el pueblo mantuviese el fervor, pero se encontró con que sus creyentes adoraban ya a otros becerros de oro. Y cuentan que el rey destronado se volvió eremita.

De rey derrocado a reina caída en desgracia. Whitney Houston fue la diva absoluta del r’n’b durante los 80, pero cometió el error de unir su vida a la del conflictivo Bobby Brown, y desde entonces su carrera y vida están en modo comatoso. Si desde 2002 no saca un disco con canciones nuevas no es por falta de inspiración, sino porque el consumo abusivo de drogas ha afectado hasta tal punto a sus cuerdas vocales que su voz se volvió vulgar. La madre espiritual de Amy Winehouse espera salir del bache gracias a una profesora de canto y a un disco, Undefeated, que se ha retrasado hasta 2009.

Santo ego

A Metallica le resulta muy difícil ser Metallica, al menos durante la grabación de St. Anger (2003), que representó su vuelta a los estudios tras un lapsus de siete años. Las sesiones de grabación se convirtieron en un calvario por el choque entre los monstruosos egos del vocalista James Hetfield y el batería Lars Ulritch y la presión por mantener su status de banda de estadio. La situación se volvió tan insostenible (con escapadita de Hetfield de por medio para rehabilitarse de sus adicciones) que los miembros de la banda llegaron a contratar a un psicólogo para poder mirar a sus compañeros a la cara sin tener la tentación de partírsela segundos después. La película Some kind of monster documentó el descenso a los infiernos de una banda que hasta entonces se creía invencible. St. Anger, por cierto, acabó siendo uno de los discos menos valorados por sus fans.

Publicado en ADN.es

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One Comment leave one →
  1. octubre 19, 2009 9:52 pm

    Que bueno

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