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No me cuentes la película (o déjame inventármela)

octubre 3, 2008

¿Te imaginas la vida sin tráilers? Los has visto desde que tenías uso de razón y ahora están a punto de cumplir cien años. Pero no todos son verdaderos. Sitges 2008 les rinde homenaje en esta edición a los trailers falsos con la presentación del primer festival español dedicado al noble arte de publicitar películas que no existen.

El 4 de octubre se podrán ver algunos de los trabajos que los usuarios han colgado en la web de este I Festival Internacional de Trailers falsos y se proyectarán las obras que directores invitados como Jaume BalagueròEl exorcista V!) e Isabel Coixet entre otros han pergeñado para la ocasión. El tráiler más original se premiará con 30.000 euros, que tendrán que invertirse en la realización de un corto.

Y puede ser una gran inversión porque a veces estas pequeñas películas tienen más éxito que las reales. De los más de diez mil millones de vídeos que se ven por la Red cada año, los trailers cinematográficos ocupan el tercer lugar en las preferencias de los internautas, tras las noticias y el contenido que generan los propios usuarios.  La misma herramienta que presuntamente está matando el cine revitaliza los trailers, transformando lo que era una herramienta de marketing en un género con entidad propia que además puede ser manipulado por los espectadores.

Elige tu propia aventura

Si la realidad no te gusta, juega a cambiarla. Internet permite a los usuarios crear trailers de películas que no existen, colgarlas en el YouTube de turno y disfrutar su minuto de gloria.  Si los proyectos para adaptar los comics de La liga de la Justicia o Flecha verde se aplazan sin fecha no pasa nada. Siempre puedes coger material de las distintas adaptaciones de Batman, Superman y compañía, acompañarlas con una potente banda sonora perteneciente a otra película e introducir unas cuantas frases contundentes y el logo de Warner o Universal. En ocasiones, los resultados son fabulosos.

A veces los usuarios ruedan sus propios cortos con material propio y los montan en forma de trailers. Grayson es un extenso tráiler que narra la venganza del primer Robin tras la muerte de Batman. Batman Dead End es una historia completamente nueva que enfrenta al caballero oscuro contra el Joker, pero también contra aliens y predators.

La última moda entre los internautas es aprovecharse de fragmentos concretos de blockbusters para montarlos a gusto del consumidor. En la Red se pueden encontrar trailers verdaderamente hilarantes, como la versión alternativa de El resplandor, montada como si se tratase de una comedia para toda la familia. La inocente Mary Poppins se convierte, por obra y gracia del Adobe Premiere, en una presencia que viene del más allá para aterrorizar a niños. En Brokeback to the future, Marty McFly y su inseparable Doc se lo montan, mientras que Must love jaws se aprovecha del metraje de Tiburón para narrar la entrañable amistad entre un hombre y su escualo, en la línea de Liberad a Willy.

El auge de los falsos trailers se disparó el año pasado a raíz del estreno de Grindhouse, el proyecto de colaboración conjunto entre Quentin Tarantino y Robert Rodriguez. En España se estrenaron las películas de ambos por separado, pero la idea original era que entre Death proof y Planet terror se exhibieran cuatro trailers de películas inexistentes a cargo de los nuevos nombres del fantástico: Edgar Wright, Rob Zombie, Eli Roth y el propio Rodriguez. Ben Stiller tomó buena nota de la idea, y al principio de la divertida Tropic thunder inserta cuatro trailers falsos en los que se ríe de Hollywood y sus irreales habitantes.

Cien años de dientes largos

El primer tráiler del que se tiene constancia data de 1912, y anunciaba de forma rudimentaria el nuevo capítulo del serial The adventures of Kathlyn. Fue Paramount la primera compañía que apostó fuerte por estos avances previos de sus próximos estrenos, creando tres años más tarde una división específica para ellos. Desde mediados de los 20 hasta bien entrados los 70, la mayoría de los grandes estudios dejaban su material de promoción en manos de National Screen Service, un organismo que montaba los tráilers con el material que le cedían las compañías.

En las tres últimas décadas, los grandes estudios han disparado el presupuesto asignado a estos pequeños aperitivos de dos minutos de duración, que se han convertido en objeto de adoración para los fans. En 1999, cuando Internet no estaba tan popularizado, los fans de Star Wars llegaban a pagar varias veces su entrada de cine sólo para el tráiler de La amenaza fantasma.

En ocasiones, los grandes maestros del cine se han involucrado personalmente en los tráilers de sus películas. En el de Psicosis, Alfred Hitchock invita al espectador a una apacible ruta turística por el motel Bates, que concluye cuando el orondo maestro corre la cortina de la ducha y…el resto ya se sabe, ¿no?

El siempre visionario Stanley Kubrick se adelantó unos cuantos años a la era MTV con el tráiler de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, que intercabalaba de forma frenética títulos y créditos en pantalla con las imágenes de la película.

Vamos a contar mentiras

La mayoría de los tráilers tienen una estructura canónica dividida en tres actos. Una voz en off (hace poco se nos fue la más querida, la de Don LaFontaine) presenta la película con el habitual reclamo de “en un mundo”, “un hombre”. Un nudo posterior, no siempre en orden cronológico, ofrece datos de la acción y de los personajes. Finalmente, una música atronadora y melodramática acompaña una frase lapidaria que precede al inevitable “en agosto en los mejores cines”. El trailer de Comedian, de Jerry Seinfeld, se toma a chufla las reglas de oro del género.

Un buen tráiler ha de generar expectación para que el espectador o el internauta cuente los días hasta el momento del estreno del filme, sin desvelar más detalles de la cuenta de la trama. El tráiler del último Indiana Jones mostraba a un Harrison Ford envejecido, pero aún carismático. El de Iron Man nos convencía en pocos segundos de que no puede haber un Tony Stark más convincente que Robert Downey Jr., al tiempo que lanzaba un guiño al sector femenino de la audiencia. En esta ocasión, la asistenta del héroe (Gwyneth Paltrow) no se iba a limitar a gritar y dejarse rescatar por el caballero de hierro.

13 (Tzameti) y La brújula dorada, al contrario, son el máximo exponente de lo que no debe hacerse en un tráiler: resumir el argumento y/o prometer imágenes que finalmente no van a aparecer en la película. Mientras que las dos primeras han sido rotundos éxitos de taquilla, La brújula dorada arruinó a New Line. Los tráilers han contribuido a acercar modestas producciones indies al gran público. El fantástico montaje de los avances de Juno y Pequeña Miss Sunshine lograron convertir a las películas en sendos éxitos de taquilla. Las reglas están cambiando.

Publicado en ADN.es

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