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Francia se muere de miedo

octubre 2, 2008
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Históricamente, el eternamente denostado cine fantástico y de terror ha sabido, mejor que ningún otro género, canalizar las ansiedades y miedos de la sociedad, y Francia anda en los últimos años dolorida y cabreada. Los disturbios en los suburbios parisinos y el ascenso de las políticas ultraconservadoras han generado una atmósfera de violencia latente y malestar que se ha acabado reflejando en el arte.

Desde Francia, un país que no goza de una tradición consolidada de cine de terror, están llegando en los últimos años producciones tan extremas como violentas. Películas como Frontière(s) o À l´interieur han removido las conciencias y las vísceras de crítica y público. Martyrs, que se presenta en la nueva edición de Sitges, promete ir aún un paso más allá. ¿Qué les está pasando por la cabeza a nuestros amables vecinos?

Cuando presentó la polémica Frontière(s) en la penúltima edición de Sitges, el director Xavier Gens aseguraba: “Desde que empecé a escribir el guión, tenía dos cosas en mente: homenajear al cine de género que había marcado mi infancia y contar algo de la transformación social de Francia, sobre todo a raíz de los disturbios de 2002”. Pascal Laugier, realizador de Martyrs, abundaba recientemente en este enfoque: “Nuestras sociedades urbanas occidentales están llenas de brutalidad. El cine de terror es un modo de expresar las cosas, de huir de la ironía y la miseria intelectual en que ha caido la opinión pública”.

Las últimas producciones de cine de terror francés buscan conscientemente trasladar esa nausea existencial al espectador, haciéndole sentirse incómodo por la acumulación de situaciones de violencia física y psicólogica al límite de lo soportable.

Aquellos maravillosos 70

Sin embargo, y aún a riesgo de estropear impactantes titulares, no puede hablarse de una nueva oleada de cine de terror francés. Por tremendos que nos parezcan los trabajos de directores como Alexandre Aja, Alexandre Bustillo,Julien Maury o los citados Laugier y Gens, en realidad no hacen sino adaptar a las coordenadas socio-políticas que les ha tocado vivir el cine de género con el que crecieron. Todos ellos, sin excepción, son declarados admiradores del trabajo de cineastas como Jon Carpenter o Tobe Hopper. Sienten que el escapista cine de género de los 90 no les identifica y vuelven la mirada hacia las cintas de terror de los últimos 70, a las atmósferas malsanas y macabras de La matanza de Texas, Halloween o La última casa a la izquierda. Sólo que las llevan un paso más allá.

“El hecho de no tener que pasar por los controles de censura de la industria norteamericana -la MMPA-, permite a los realizadores franceses llevar al género a nuevas cotas de violencia impensables en sus homólogos yanquis. Y es que pese a partir de modelos teóricos semejantes -el slasher de los 70, el terror rural, la amenaza interior-, realizadores como Alexandre Aja o Fabrice du Welz desprecian el realismo y la sobriedad para forzar la imagen por medio de una fotografía saturada, el montaje agresivo, y la explicitud gore”, señala Roberto Alcóver, crítico cinematográfico de Miradas de cine.

Puede que el terror galo haya revuelto tripas y conciencias en los festivales especializados, pero en Francia no hay mercado. Los distribuidores huyen del género como de la peste, y ninguno de los directores citados tiene la mas mínima intención de hacer carrera en su tierra. Aja ya ha sido abducido por la maquinaria de Hollywood. Suyo es el brutal remake de Las colinas tienen ojos, y ahora presenta en la cartelera española Espejos, una de horror sobrenatural protagonizada por Kiefer Sutherland.

Alexandre Bustillo y Julien Maury, directores de À l´interieur, estuvieron a punto de firmar el guión de la nueva versión de Hellraiser. El proyecto se frustró, aunque sus nombres ya están vinculados a la secuela del nuevo Halloween, que dirigió Rob Zombie el pasado año. Hollywood, que ya ha agotado el filón de la porno-tortura de películas como Saw o Hostel y rentabilizado la penúltima moda del fantasmagórico terror que viene de oriente, se vuelve a acordar del amigo galo.

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Alta tensión (Alexandre Aja, 2003). Las jóvenes Marie y Alex se instalan en casa de los padres de la segunda. Lo que parece una estancia idílica se transforma en una pesadilla cuando un desconocido llama a la puerta. Desde ese momento, la cinta de Aja da un brutal giro argumental y se convierte en una efectista y cruel exhibición de atrocidades, tan violenta como sangrienta. La cinta de Aja, reverenciada por los propios directores galos, es la película que oficialmente abrió la veda del terror, aunque el precedente de todas estas cintas es En lo profundo del bosque (Lionel Delplanque, 2000).

À l´interieur (Alexandre Bustillo y Julien Maury, 2007). Una mujer embarazada, traumatizada por un accidente de coche que se llevó a su marido, se dispone a pasar la Navidad en soledad, hasta que una aterradora visitante le reclama a su niño. À l´interieur es una de las películas más incómodas y desasogantes que se hayan rodado en los últimos años. Su fotografía de tonos oscuros contrasta con los litros de hemoglobina que salpican la pantalla. Incluye una memorable escena, no apta para estómagos sensibles ni premamás, que tiene que ver con tijeras y piel.

Ellos (David Moreau y Xavier Palud, 2007. Recoge el relevo de las películas de invasiones caseras, como Perros de paja, para reflexionar sobre la misma esencia de la violencia. Clémentine y Lucas, felices en su casa perdida en el bosque, tendrán que enfrentarse a una amenaza que no comprenden y cuyos fines puede que sean injustificados…o no. Rodada en Alta Definición y con una fotografía angustiosa, ofrece una conclusión nada tranquilizadora ni optimista sobre la naturaleza humana.

Frontière(s) (Xavier Gens, 2007). Es la cinta más abiertamente política del lote. Parte de unos hechos tristemente cercanos a la realidad, los tumultos callejeros surgidos a raíz de unas elecciones francesas que se deciden entre el partido conservador y de extrema derecha, para derivar en una gráfica y explícita apoteosis de gore que rinde homenaje a los maestros del splatter norteamericano.

Martyrs (Pascual Laugier, 2008). Es, probablemente, la película más esperada de la nueva edición de Sitges. Quienes la han visto ya aseguran que se trata de una producción tan extrema y radical que marcará un punto de inflexión con respecto a la filmografía reciente de terror galo. La protagonista de esta historia de venganzas y secuestro de niños tuvo que soportar sesiones de hasta 19 horas (incluyendo maquillaje y rodaje) para una escena de tortura al límite de lo humanamente soportable.

Publicado en ADN.es

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