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Bárbaros y brujos tomarán Hollywood

julio 1, 2008

‘Conan el bárbaro’ (1982)

conan2Conan el bárbaro fue, además de la película que lanzó a la fama a su protagonista Arnold Schwarzenegger, la producción que puso de moda el género de la espada y brujería a principios de los 80. El personaje fue creado por el novelista Robert E. Howard en 1932, aunque las generaciones posteriores se engancharon a las aventuras del bárbaro de Cimmeria gracias a los cómics de Marvel sobre el personaje. Esta película fue rodada casi íntegramente en España, bajo la batuta del muy derechista director John Millius. Su enorme éxito provocó una secuela, bastante más floja, Conan el destructor, y una especie de spin-off, El guerrero rojo, basado en las andanzas de Red Sonja, que Robert Rodríguezvolverá a llevar al cine de la mano de su musa Rose McGowan. Conan el bárbaro es una muy convincente producción, más de espada que de brujería, que cuenta con algunos intérpretes españoles (Jorge Sanz hace de joven Conan) y de cuyo rodaje existen mil anécdotas. Por ejemplo, la espada del protagonista pesaba hasta veinte kilos, para que el bueno de Arnold pudiera lucir bíceps.

‘Excalibur’ (1981)

excaliburAunque en principio se basa en la obra La muerte de Arturo, escrita por Sir Thomas Malory en 1485, Excalibur no se desarrolla en un contexto histórico específico y se toma numerosas licencias con respecto a las leyendas artúricas. Y es que John Boorman aceptó el encargo cuando se agotaron sus intentos de hacerse con los derechos de El señor de los anillos. Boorman tuvo libertad para elegir todo el reparto excepto al actor que interpreta a Merlín el mago (Nicol Williamson), y lo cierto es que el director tuvo el tino suficiente para lanzar al estrellato a actores como Liam Neeson y Gabriel Byrne, aunque su personal sello aplaste por momentos a la producción. Años más tarde los Monty Phyton se tomarían las leyendas artúricas a guasa en Los caballeros de la mesa cuadrada.

‘El señor de las bestias’ (1982)

bestias“Soy Dar, mi pueblo fue arrasado por las hordas Junes. He jurado venganza, y voy a vengarme”. Este podría ser el argumento de las decenas de películas de espada y brujería que llegaron a los cines a principios de los 80 tras el éxito del primer Conan. El señor de las bestias está vagamente inspirada en la novela homónima de Andre Norton y arrasó en los videoclubs de los 80, aunque en taquilla no funcionó nada bien. Su protagonista (interpretado por Marc Singer, el héroe de V) poseía la capacidad de comunicarse con todo tipo de animales. El productor Dino de Laurentiis ofreció al director de la película Don Coscarelli encargarse de la segunda entrega de las aventuras del bárbaro más famoso de Cimmeria, Conan el destructor, aunque el cineasta declinó la oportunidad al parecerle muy pobre el guión. Coscarelli tampoco tiene nada que ver con la secuela de la película ni con la serie canadiense que se emitió de 1999 a 2002.

‘Tygra: hielo y fuego’ (1983)

tygraDe acuerdo, el argumento de Tygra: hielo y fuego no es un dechado de originalidad (malvado rapta princesa que es salvada por un héroe), pero no merecía el destrozo que perpetró la crítica de la época. Afortunadamente la película ha aguantado mejor el paso del tiempo que sus escribas detractores. Hoy se reivindica la película porque su director Ralph Bakshi supo rodearse de los más grandes. Roy Thomas y Gerry Conway, famosos por su labor en los cómics de Conan para la Marvel, se encargaron del guión. Los personajes son obra de Frank Frazetta, cuyas salvajes y sensuales portadas para algunas novelas de Conan de Robert E. Howard o cómics de Vampirella son objeto de coleccionistas. Qué pena que sus ideas se vieran frenadas por un presupuesto modesto y las limitaciones técnicas de la época.

‘Krull’ (1983)

Krull es uno de los cruces más eficaces que se hayan dado en el cine entre el universo de Tolkien (bueno, uno parecido) y las epopeyas galácticas de la saga Star Wars de Lucas.  A pesar de que los efectos han envejecido muy mal, se trata de una película de culto que en su día pasó desapercibida. Ese año se estrenó El retorno del Jedi y claro, entre el original y la copia, uno se queda con el original. ¿O no?

‘Lady halcón’ (1985)

ladyhaEn las producciones de espada y brujería es frecuente que un mago lance una maldición a los protagonistas de la que tratan de librarse durante la película. Una de las más perversas es la que lanza en Lady Halcón el Obispo de Aquila a Navarre (Rutger Hauer) e Isabel (Michelle Pfeiffer). El primero se transforma en un enorme lobo gris por la noche, mientras que Isabel otea el horizonte convertida en halcón durante el día. Sólo pueden verse durante un fugaz momento. Aunque la historia no te enternezca (¡insensible!), merece la pena rescatar esta entretenida historia repleta de aventuras y encanto.

‘La princesa prometida’ (1987)

La película de espada y brujería que te encantará aunque no te atraiga el género. La princesa prometida, de Rob Reiner, sigue la estructura de un cuento de hadas que un abuelo le cuenta a su enfermo y escéptico nieto, y cuando éste está ya absorbido por la historia, también lo estamos nosotros. Seguramente porque de pequeños nos hubiese encantado vivir una historia en la que aparecieran expertos espadachines, ogros buenos y fuertes como Fezzik (interpretado por el luchador André el Gigante), castillos con temibles mazmorras y corceles galopando hacia inmortales puestas de sol.

‘Willow’ (1988)

willowSi a finales de los 80 eras un niño que cometía el pecado de no haber visto en el cine Willow, en clase te robaban el bollo del desayuno y te retiraban el saludo. La película, una de las más redondas y entrañables muestras del género de espada y brujería, nació cuando George Lucas no pudo hacerse con los derechos cinematográficos de El hobbit. Para desahogarse escribió un guión que también tenía gente pequeña (el héroe de la función, Willow Ufwood), dragones y aguerridos caballeros (el inolvidable Madmartigan) y que dirigió Ron Howard en la época que no aburría a las ovejas.

‘El ejército de las tinieblas’ (1992)

Sam Raimi quiso finalizar su trilogía Evil dead (que también conforman Posesión infernal y Terroríficamente muertos) a lo grande, trasladando al héroe de la escopeta y la sierra mecánica, Ash, a la Inglaterra del siglo XIV, a la que viaja para rescatar el Necronomicón y de paso liderar una terrible batalla frente a una legión de no-muertos. Al igual que las dos entregas anteriores de la trilogía, esta parodia-homenaje de los clásicos de espada y brujería luce con orgullo efectos especiales cutres, humor de slapstick y frases tan gloriosas como Hail to the king, baby, que han convertido al actor Bruce Campbell en uno de los ídolos de los fans del fantástico.

‘El señor de los anillos’ (2001-2003)

anillosDe la monumental trilogía de Peter Jackson sobre el material de Tolkien se ha dicho ya casi todo. El director neozelandés convirtió (de 2001 a 2003) en celuloide los sueños húmedos de millones de fans que se morían por ver en pantalla las andanzas de Aragorn, Frodo, Légolas y compañía. En 1978 Ralph Bakshi también llevó El señor de los anillos a la pantalla, con resultados desastrosos entre crítica y público. Bakshi quería dividir el material original en dos entregas, recurriendo a la técnica de la rotocoscopia (las escenas son filmadas con personas reales para luego convertirlas en animación), pero el experimento, a pesar de la fidelidad al material original, no funcionó. Unos años antes, Stanley Kubrick quiso llevar al cine El señor de los anillos con los mismos Beatles como protagonistas. Paul Mcartney haría de Frodo, George Harrison de Gandalf, Ringo Starr de Sam y John Lennon de Gollum.

‘El guía del desfiladero’ (2007)

500 años antes de que Colón llegase a las costas americanas, los indígenas ya se las tenían que ver con los vikingos escandinavos (que no llevaban cuernos en sus cascos, aunque mole mucho verlos en pantalla). Estas batallas son las que muestra y exagera El guía del desfiladero, basada en una película homónima de 1987 y en un cómic de la editorial Dark Horse. El director Marcus Nispel revitaliza el género de la fantasía heroica a lo bruto, mostrando sin piedad miembros amputados y cráneos rotos.

‘Los nibelungos’ (1924)

nibelungos60 años antes que Conan, Fritz Lang ya llevó al cine una historia de dragones casi invulnerables, capas mágicas que proporcionan invisibilidad y amores de leyenda. A principios de los años 20 del siglo pasado, Lang estaba obsesionado por rodar una película que captase la esencia del espíritu alemán. Así, se embarcó en el mastodóntico proyecto de Los nibelungos. El guión de la película combina alegremente fuentes históricas y leyendas. La responsable del libreto, Thea Von Harbou, esposa de Lang, se basó en fases determinadas del ciclo nibelúngico. En concreto, se inspiró en El fin de los nibelungos, redactado entre 1160 y 1170, y El poema de los nibelungos, fechado entre 1200 y 1210. Los nibelungos tuvo que estrenarse en dos partes, en febrero y abril de 1924, y aún así sufrió severos recortes de metraje. Hoy es un clásico indiscutible.

Publicado en ADN.es

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