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¿Por qué nos vuelve locos la lucha libre?

junio 18, 2008
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A finales de abril, 15.000 gargantas rugían en la Plaza de Toros en Granada. Al día siguiente 10.000 personas reventaban el Coliseum de La Coruña. No acudían a ningún concierto ni final deportiva. Eran los afortunados que habían logrado hacerse con una entrada para ver a las estrellas de la WWE (la principal federación de wrestling) en el Wrestlemania Revenge Tour. Cuando los luchadores pasan por Madrid o Barcelona, las entradas se agotan con meses de antelación. Cuatro, que emite los principales combates de Smackdown y Raw (las dos principales divisiones de la WWE), registra unos niveles de audiencia que en ocasiones superan el millón de espectadores. ¿Por qué gusta tanto el wrestling?

En el perfil tipo de fan de la lucha libre en modalidad americana abundan los chavales que han empezado a descubrirlo recientemente con las retransmisiones de Cuatro. No están solos. Les acompañan sus hermanos mayores o padres, que se volvían locos con El último guerrero hace más de quince años cuando era Tele 5 la cadena que programaba los combates. Unos y otros no conciben el wrestling sin los comentarios del entrañable locutor Héctor del Mar, al que en esta nueva etapa acompaña Fernando Costilla.

Héroes de la tercera generación

John Cena, Batista o Rey Mysterio son los nuevos ídolos de los fans del wrestling. Todos ellos forman parte de la tercera generación de luchadores, caracterizados por cuerpos hipermusculados (ellos) o voluptuosos (ellas). Poco se parecen a los luchadores fondones que poblaban los rings hasta mediados de los 90, como Terremoto Earthquake o Dusty Rhodes.

Los nuevos ídolos del ring son como modernos superhéroes adaptados a la mentalidad de las nuevas generaciones. Cada uno de ellos cuenta con un tema propio (normalmente bañado en guitarras atronadoras) que acompaña su entrada en el ring, mientras un espectacular despliegue pirotécnico amplifica el efecto épico. Míticas son las entradas de El Enterrador (andando parsimoniosamente entre oscuridad y brumas) o Batista y su metralleta imaginaria.

Como si se tratase de protagonistas de videojuegos, cuentan con una serie de movimientos propios o finishers que suelen dejar para el final. Es su marca de fábrica y su principal activo. Ahí está el sweet chin music de Shawn Michaels, el tombstone del Enterrador o el RKO de Randy Orton, nombrado con sus iniciales.

La lucha entre el bien y el mal

En el mundo del wrestling, a los niveles en que se mueve la WWE, no hay matices morales. Los luchadores son héroes o villanos. En el argot se les llaman face o heel, respectivamente. Los segundos tienden a imprecar al público local y ganan sus combates valiéndose de ardides sucios o sobornando a los gerentes de cada división. El bando de los face se deja querer por el público (Rey Mysterio suele regalar a los niños sus camisetas) y su estilo sobre el ring es mucho más limpio.

También hay cambios de bando y traiciones, para desconsuelo de los fans más jóvenes. Hulk Hogan se pasó al lado oscuro durante un tiempo bajo el alias de Hollywood Hogan. Sergeant Slaughter (bautizado aquí como El Sargento Gorila) se hizo pro-Sadam en los tiempos de la primera guerra del Golfo. Son sólo dos ejemplos.

¿Deporte o espectáculo?

El wrestling tiene más de lo segundo que de lo primero. Los luchadores se someten a sesiones intensivas de gimnasio durante toda la semana para cultivar su cuerpo. Eso sí, su condición física no resulta fundamental a la hora de vencer o perder un combate, cuyos resultados se deciden de antemano. Hasta mediados de los 80, la inventiva e imaginación de los luchadores jugaba un papel fundamental. A partir Wrestlemania III (1987), el evento más importante del año, los combates empezaron a coreografiarse escrupulosamente.

Los enfrentamientos tienen momentos de tensión dramática perfectamente calculados para calentar a las gradas. A una paliza brutal a un luchador de los buenos le sucederá una recuperación milagrosa que probablemente decante el combate a su favor.

Puro teatro

El wrestling es puro teatro; sus fans lo saben y lo disfrutan. Los grandes combates entre luchadores van precedidos de discusiones de culebrón que se van agrandando con las semanas hasta que las diferencias se solventan en un ring en uno de los 14 eventos especiales que programa la WWE cada año.

Algunas de estas disputas cuentan con extraordinarios guiones de opereta, otros resultan menos afortunados. Es difícil olvidar la imagen de El Último Guerrerovomitando sobre una camilla debido a la brujería vudú practicada por el luchador Papa Shango.

De este teatrillo participa hasta el mismo dueño de la WWE, Vince McMahon, que interpreta un papel de gerente despiadado y déspota. McMahon llegó hasta el extremo de simular su propia muerte meses atrás. Una cámara le grababa mientras entraba en su limusina, que explotaba poco después.

Cuando los luchadores se saltan el guión, pueden pagarlo caro. A la WWF (predecesora de la WWE) no le sentó nada bien que, a mediados de los 90, Shawn Michaels, Razor Ramon, Kevin Nash y Triple H se abrazaran sobre el ring cuando supuestamente mantenían una rivalidad enconada.

¿Pero se pegan de verdad?

Los detractores del wrestling suelen argumentar que todos los golpes son fingidos. Algo de eso hay. Los luchadores están entrenados para no lastimarse órganos vitales cuando su cuerpo cae sobre la lona, y los golpes en la cabeza se suelen dar con bastante menos intensidad que en el resto del cuerpo.

Salvo alguna desgraciada excepción, los combates no suelen acabar con los huesos de los luchadores rotos. El suelo del ring cuenta con varias capas de protección, aunque micrófonos estratégicamente situados bajo el ring amplifican los golpes contra la lona. En ocasiones, los luchadores no llevan bien a cabo la rutina y cometen fallos que se publican sin piedad en YouTube.

En la lucha libre americana corre la sangre. Un documental sobre los trucos del wrestling explicaba cómo en ocasiones los luchadores se hacen cortes con una pequeña cuchilla (normalmente en la frente) mientras se recuperan en el suelo de un sillazo. Sea cierto o no, toda la preparación del mundo no pueda evitar que a veces los luchadores acaben recibiendo algún punto de sutura.

La mayoría de las lesiones (habitualmente de bíceps) se suelen producir en los entrenamientos. John Cena estuvo un tiempo retirado de los rings por una operación. De cara a la galería, fue Randy Orton el que le mandó al hospital con un temible RKO. Entre la realidad y la leyenda, ¿no resulta la segunda más divertida?

Publicado en ADN.es

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