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El padre de los efectos especiales es aragonés

mayo 29, 2008

segundochomon

Si Pesadilla antes de Navidad o La novia cadáver nos resultan entrañables, no es sólo por su goticismo naif, sino por la técnica empleada para simular el movimiento de Jack Skellington, Sally y compañía. El stop-motion es una técnica tradicional que permite que objetos inanimados se muevan mediante la sucesiva captura de fotografías.

Tim Burton es un enamorado de un sistema que ya tiene un siglo de existencia, y que además tiene nacionalidad española. Lo creó el cineasta aragonés Segundo de Chomón (1871-1929), a la sazón fotógrafo, operador de cámara y, sobre todo, visionario de los efectos especiales y del cine fantástico. Sus logros en el contexto del cine silente se pueden comparar a los del mismo Georges Méliès.

El cineasta aragonés ideó este sistema para mover objetos inanimados en 1905, que se bautizó como paso de manivela. Para perfeccionar la técnica, construyó un tomavistas, con el nombre de cámara 16, que rueda imagen por imagen para posteriormente proyectarlas de forma continuada.

El paso de manivela ya estaba totalmente perfeccionado cuando en 1908 dirigió su película más importante, El hotel eléctrico. El argumento de esta pieza de tan sólo unos minutos de duración gira en torno a una pareja madura que decide hospedarse en un hotel en el que apenas hay personal, porque todos los aparatos son controlados mediante un ingenioso sistema electromecánico.

Contemplada hoy día despierta la sonrisa, pero en su día fue todo un shock para los espectadores, que no podían creer que la ropa de la maleta de los protagonistas tomara vida propia y se metiera en los armarios de la habitación.

Por desgracia, un año antes el americano James Stuart Blackton empleó el sistema de Segundo de Chomón en la también popular La casa encantada, lo que ha provocado los logros del aragonés se atribuyan al padre de la animación americana.

La pesadilla de Méliès

Segundo de Chomón creó esta pieza en el seno de la poderosa compañía francesa Pathé, que le reclutó a principios del siglo XX para competir con los ingeniosos trucajes visuales que desarrollaba la empresa rival, la Star Film de Méliès, con la que tuvo una enconada rivalidad durante la primera década de siglo.

Entre 1904 y 1908 Segundo de Chomón dirigió hasta 150 cintas, la mayoría encuadradas dentro del fantástico. La leyenda del fantasma (1907) o Viaje al planeta Júpiter (1907) son clásicos de la prehistoria del género.

Los logros de Chomón no se limitan a El hotel eléctrico. En La vida y pasión de nuestro señor Jesucristo, dirigida por Ferdinand Zecca en 1907, ideó el travelling en interiores, montando la cámara en una plataforma móvil equipada con patines.

En las múltiples piezas en las que trabajó, la mayoría desaparecidas, perfeccionó el coloreado manual del fotograma mediante unas plantillas de celuloide, la sobreimpresión de películas e ideó visionarios fondos móviles y transparentes. Fue el primer cineasta español que combinó imagen real y maquetas (en la espectacular Choque de trenes, 1902). También fue uno de los pioneros en aplicar la luz artificial sobre el rostro de los actores para sugerir estados de ánimo o crear diversos efectos.

El héroe tardío

A Segundo de Chomón se le ha reivindicado tarde, quizá porque algunos aspectos de su biografía navegan entre el misterio y el olvido. Nada se sabe de la infancia y adolescencia de este ingeniero frustrado enamorado del Séptimo Arte, que comenzó a ser reivindicado ya en la segunda mitad de los 50 por historiadores del cine como Georges Sadoul, Lino Lionello Ghirardini y especialmente el español Carlos Fernández Cuenca.

Hoy se reconocen de forma unánime sus fundamentales aportaciones a la italiana Cabiria (el primer peplum de la Historia) de Itala Films, dirigida por Piero Fosco en 1914. Las artimañas visuales creadas por Segundo de Chomón (que además de su labor como operador de cámara se encargó de realizar maquetas, crear efectos de iluminación no vistos hasta la fecha y desarrollar sofisticados efectos especiales) influyeron a realizadores de la talla de D.W. Griffith, que tomó buena nota de las mismas para su Intolerancia (1916).

También colaboró con el maestro francés Abel Gance para la mítica Napoleón (1927), donde entre otras genialidades introdujo una cámara en cañón para dispararla.

Segundo de Chomón es además uno de los pioneros del morphing. En La licuefacción de los cuerpos duros (1909) reemplazó a actores de carne y hueso por maniquíes de alambre, que iban cambiando de forma y reduciendo progresivamente su tamaño hasta quedar diluidos en una masa informe.

Sus logros no impidieron que sus huesos fueran a parar a una fosa común, al no renovarse el contrato de sepultura del cementerio francés de Pantin; una muerte anónima para un héroe tardío del cine mudo.

Publicado en ADN.es

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