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El espía que quería ser James Bond

mayo 28, 2008

flemingEl agente 007 es tan adicto al riesgo como a las mujeres, el alcohol y el juego. Casi tanto como su creador, Ian Fleming (1908-1964). Coincidiendo con el aniversario del nacimiento del escritor británico, responsable de doce novelas y nueve cuentos del agente con licencia para matar, han reflotado las teorías que aseguran que Bond no es más que el álter ego literario del propio Fleming.

“Fleming siempre intentaba dejar claro que él no era James Bond, pero a menudo cuando le preguntaban, contestaba con picardía ‘No podría decirlo'”, asegura James Taylor, comisario de una muestra que hasta el 1 de marzo de 2009 se exhibe en Londres con motivo del centenario del nacimiento del escritor británico.

Ian Fleming, periodista ocasional en Reuters y agente de Bolsa, fue miembro de la Inteligencia Británica durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a trabajar para la americana Oficina de Servicios Estratégicos, un precedente de la CIA.

A diferencia de su creación, Fleming no fue nunca un hombre de acción. Prefería utilizar su ingenio para trazar planes que permitieran al bando aliado hacerse con el código secreto de la Marina de Guerra nazi o falsificar marcos para crearle al Reich una crisis económica.

“Las tramas de Bond -admitió una vez Fleming- las saqué de mis recuerdos de la guerra, que pulí, les añadí un héroe, un villano y una heroína”.

Con licencia para volar

Es imposible disociar el nombre de James Bond de trajes caros y rostros apolíneos, pero lo cierto es que Fleming se buscó el nombre más tonto y soso que pudo encontrar para su personaje. En su opinión, este nombre tan neutro presentaba un contraste explícito con el tipo de aventuras exóticas que quería contar en sus novelas.

James Bond era el nombre de un ornitólogo de Filadelfia que publicó el libro The birds of the west indies, al que era aficionado Fleming. Probablemente en el tratado encontrase asimismo la inspiración para bautizar una de sus novelas, Goldeneye (un tipo de pato de plumaje blanco y negro). El escritor bautizó así a su residencia en Jamaica.

Héroes y tumbas

Bond es capaz de beber Martinis (mezclados, no agitados) en cantidades industriales sin que le tiemble el pulso, pero a su creador le pasaron factura los excesos etílicos. A la edad de 38 años y tras fuertes dolores en el pecho, confesó a su médico que bebía una botella de Ginebra al día, sazonada por hasta 70 cigarrillos. El agente 007 no envejece, pero la salud de su creador siempre fue algo delicada.

Puede que Fleming quisiera transmutarse en parte en un elegante y letal espía con licencia para matar, pero medios como The National Enquirer o la BBC sostienen que el escritor británico se inspiró en un personaje real: Dušan Dusko Popov, un doble agente yugoslavo cuyo nombre en clave era Tricyle.

Al igual que Bond, Popov fue un mujeriego que flirteó con numerosas actrices como Simone Simon. Solía alojarse en los mejores hoteles, comía en restaurantes de lujo, se dejaba el dinero en los casinos y siempre vivió al límite de sus posibilidades.

Fleming conoció personalmente a Popov en el Casino de Estoril. La primera novela de James Bond, Casino Royale, contiene pasajes basados en aquellos días pasados en el Casino o en el también luso Hotel Palace. Fascinado por el espía, quiso emular su pericia en el bacará para arruinar a los jugadores nazis. Su fracaso clamoroso aún se puede consultar en los archivos del casino. Menos mal que nunca Bond fallaba en la ruleta.

Publicado en ADN.es

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