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Portishead entierra el trip-hop

abril 28, 2008
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portishead

En 2008 no queda ni rastro de los Portishead que conocíamos, aquéllos que se convirtieron en emblemas del trip-hop como los otros dos tercios de la trilogía gloriosa de Bristol, Massive Attack y Tricky.

A Beth Gibbons, Geoff Barrow y Adrian Utley se les empezó a quedar pequeño el término en 1997, cuando sacaron su fantasmagórico y homónimo segundo álbum. Seguramente escandalizados por lo inofensivos que resultaban imitadores como Morcheeba, el trío se prometió no volver a publicar nada hasta no conseguir exactamente el disco que quería hacer.

Teniendo en cuenta el grado de exigencia espartana que caracteriza a los británicos, el proceso de grabación de Third pasa por ser uno de los partos más dolorosos de la historia reciente de la música.

En estos diez años los miembros de Portishead han sufrido un tremendo bloqueo creativo, han tenido aventuras musicales paralelas (como Out of season, el fascinante disco que Gibbons grabó junto a Paul Webb, ex Talk Talk) y han escuchado sin parar tanto a bandas de krautrock alemán a lo Can como a la psicodelia electrónica de Silver Apples en busca de la inspiración perdida.

Algunas de estas influencias se han filtrado en su tercer disco, dando como resultado su obra más variada y compleja hasta la fecha, pese al aparente minimalismo de algunas canciones.

Machine gun es un improbable single, cero por ciento pop, taladrado por un ritmo marcial e industrial. En Silence, el tema de apertura, la melodía se ve apuntada por hipnóticas percusiones selváticas.

Historias de fantasmas

Portishead han dejado de lado la elegancia sedosa y nocturna de sus dos discos anteriores (con excepción de alguna pieza como Plastic) para desmontar a placer las estructuras tradicionales de la canción pop. En su tercer disco no hay ni rastro de estribillos y las canciones sufren varias mutaciones internas hasta que acaban de golpe, sin avisar.

Canciones como Small o The rip comienzan como un tema de folk campestre e inofensivo para acabar adoptando un tono de 4/4 tan usado por bandas como Neu! o los citados Can. En Deep water, Gibbons juega a pervertir una estructura tradicional de Doo wop con la única ayuda de un ukelele.

Third es variado, sí, pero no disperso. A ello ayuda la tan característica voz doliente, casi fúnebre, de Beth Gibbons, cuyas letras de desgarro emocional son más amargas que nunca (“esperando que pueda cambiar un poco/esperando que pueda ser/alguien que quiero ser).

A finales de mayo estarán presentando Third en el Primavera Sound. La banda ha anunciado que algunas de las nuevas canciones se podrán bailar en directo. Seguro que habrá lágrimas en los ojos, como decía la canción de Ultravox.

Publicado en ADN.es

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