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Diamanda Galás, la diva fúnebre

abril 18, 2008

diamanda_250x363Diamanda Galás es una vampiterrorista a la que gusta morder la yugular de sonoridades y mitos. A lo largo de 26 años de carrera ha violado a Baudelaire, Pasolini y Artaud, extrayendo la sangre de géneros como el free-jazz, blues, flamenco, góspel y lo que se le pase por delante.

Sobre el escenario del murciano Auditorio Víctor Villegas, Galás repasará mañana 19 de abril las canciones de Guilty guilty guilty, una recopilación de temas sobre el amor y la muerte en la que se apropia de material interpretado ya por Frank Sinatra o John Cash.

Es la María Callas del lado oscuro. Posee un privilegiado registro operístico que es capaz de elevar por encima de las tres octavas. Galás puede hacer lo que quiera con su garganta y grita, gime y berrea como si la hubieran desterrado a los infiernos. A la americana le gusta manipular a placer su voz, manipulándola analógica o digitalmente, maltratándola hasta dejarla irreconocible.

Expresionismo musical

 

Pero a Galás hay que verla en directo. A la diva de las tinieblas le gusta cuidar al máximo sus tétricas puestas en escena. Invariablemente vestida de negro, si hay tacón de aguja mejor, Galás se retuerce espasmódicamente sobre su piano de cola mientras los focos estratégicamente situados difuminan su geométrico rostro.

En sus directos persigue alcanzar la catarsis a través del desgarro emocional, huyendo adrede de los trucos de esteticismo gótico que tan bien le funcionan a Marilyn Manson y compañía.

Sobre el escenario da miedo. A ras del suelo, Galás ejerce de voz de los oprimidos, enfermos y alienados. Cuando su hermano Philip-Dimitri contrajo la enfermedad, se volcó activamente con los afectados por el virus del SIDA. Su trilogía Masque Of The Red Death es un tratado demoledor sobre la enfermedad que le ha granjeado más de un problema con la Iglesia Católica.

En sus discos, ha explorado el aislamiento, la esquizofrenia, la situación de los prisioneros políticos en ciertas partes del mundo y los abusos sufridos por enfermos mentales. Galás es la artista maldita que no para de maldecir. Una bomba de relojería andante que no conviene dejar al alcance de timoratos del mundo.

Publicado en ADN.es

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