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El pop pierde los papeles

marzo 1, 2008

elvisCuando 75.000 personas corean tu nombre tan sólo con salir al escenario es difícil que tu ego no se dispare. A los cantantes les sobra el suficiente ego como para detenerse a hacer ejercicios de autocrítica, y cuando lo estudios o sus agentes les consiguen un papel en una película, se lanzan de cabeza al mundo del celuloide sin pensar en las consecuencias.

En la década de los 80, Madonna, Michael Jackson y Prince eran más grandes que Reagan, pero tan malos actores como él. Madonna llamó la atención en la simpática comedia ochentera Buscando a Susan desesperadamente, pero bodrios posteriores como ¿Quién es esa chica? o Shanghai Surprise le hicieron replantearse su relación con el Séptimo Arte. A principios de los noventa probó suerte con el thriller erótico protagonizando El cuerpo del delito, una película en la que provocaba infartos y cobraba herencias. La cinta fue polémica por unas escenas de cama junto a Willem Dafoe y unas velas, una combinación menos erótica que la bata de cola.

Purple rain es un disco tan bueno que a los fans de Prince no les importó comprobar las escasas dotes interpretativas de su ídolo en la película del mismo título. Purple Rain conoció una secuela, Graffiti Bridge, cuyo guión era tan malo que echó fuera del proyecto a la misma Madonna.

Al menos Michael Jackson supo rodearse de los grandes. El mítico John Landis (Un hombre lobo americano en Londres) le disfrazó de licántropo en Thriller, mientras que Scorsese le convirtió en el pandillero de buen corazón de Bad, un vídeo cuya duración original es de 18 minutos y en el que desarrolló su afición a gritar desaforadamente mientras rompía algún objeto.

La armada española

Los ochenta también supusieron un desembarco de cantantes españoles en la gran pantalla, con resultados descorazonadores. Las aventuras de Enrique y Ana mezclaba a Luis Escobar transmutado en científico loco, un robot llamado Obitón y las composiciones de Enrique del Pozo.

La pequeña Ana se retiraría de la vida pública poco después, seguramente incapaz de asimilar esa joya del cine. Otros grupos infantiles como Parchís, o David Summers con sus Hombres G, también hicieron sus pinitos en la gran pantalla, prácticamente interpretándose a sí mismos.

Miguel Bosé quiso hacer algo más serio y se convirtió en un alienígena relamido para El caballero del dragón, la surrealista película de fantasía épica de Fernando Colomo. No lo consiguió, pero eso no le desanimó para atreverse con un doble papel (Juez Domínguez y el travesti Femme Letal) en Tacones Lejanos de Almodóvar.

De mal en peor

Tampoco es que las estrellas del pop hayan escarmentado mucho durante los últimos años. Mariah Carey despertó vergüenza ajena con su papel en Glitter. Britney Spears, antes de raparse la cabeza y escribir el símbolo de la bestia por las paredes, protagonizó una de aventuras juveniles en Crossroads.

Jon Bon Jovi tampoco se prepara mucho los papeles. Le basta con importar los métodos que lleva aplicando durante años en los videoclips de su banda: Rascarse los hombros como si estuviera helado de frío para los papeles tristes y poner esos ojos de “sé que te deshaces por dentro al verme pero mira cómo disimulo” para el resto de papeles”.

El rey y las ratas

Siempre pueden decir que Elvis Presley ya lo hizo antes, y peor. El rey confesó a John Lennon antes de un rodaje: “Seré un chico de campo que conoce chicas y canta canciones. La última vez que nos alejamos de esa fórmula perdimos dinero”. Poco más hay que añadir a una filmografía con títulos como Paraíso hawaiano o El ídolo de Acapulco.

Lo del rat pack era otra cosa. Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr y compañía eran jugadores y bebedores empedernidos a los que no les costó demasiado interpretarse a sí mismos en La cuadrilla de los once. Sinatra presumió de una filmografía cuyo momento cumbre fue el Oscar al Mejor actor secundario en De aquí a la eternidad. Dean, tras protagonizar una serie de películas a la sombra de Jerry Lewis, participó en míticas películas como Los cuatro hijos de Katie Elder, Río Bravo, Bésame, tonto o Como un torrente.

Beatles a 24 fotogramas por segundo

En 1964 la beatlemanía era un fenómeno que sobrepasaba lo puramente musical. Los Beatles copaban las cinco primeras posiciones de la lista del Bilboard, y en Hollywood no iban a dejar pasar la ocasión de hacer dinero a costa de la banda. United Artists convenció al manager de los Beatles, Brian Epstein, para que diera su aprobación a un proyecto que explotaría la fresca imagen del grupo.

El encargado de dirigir A hard´s day night, en siete semanas y con menos de un millón de dólares, fue Richard Lester, que explotó la imagen más divertida y anárquica de la banda. El estilo de la cinta (planos cortos y fugaces) es para muchos el precursor del nacimiento de los vídeos musicales.

Un año más tarde, Lester volvía a dirigir a los cuatro de Liverpool en la disparatada Help!, probablemente la más completa de las películas que rodaron los Beatles. La película, presentada en el último festival de San Sebastián, fue restaurada digitalmente el año pasado para su lanzamiento en DVD.

En 1967 se estrenó Magical Mistery tour, un especial de una hora de duración emitido por la BBC, y un año más tarde se lanzaría Yellow Submarine, un film animado basado en la música de los Beatles en el que ellos sólo aparecen al final.

Rockeros contra raperos

Mick Jagger también ha coqueteado con el mundo del cine. Werner Herzog le quiso para Fitzcarraldo, aunque problemas de agenda le impidieron trabajar con el director alemán. Tras aparecer en varias películas, en 1995 fundó la productora Jagged Films, que se estrenó con Enigma.

No tan bien le ha ido a algunos de sus amigos como Sting, que cuando actúa se pone tan grave que parece llevar el peso del mundo sobre sus hombros, o Phil Collins, que explotó sin gracia su vis cómica en Buster. El robo del siglo. David Bowie, al menos, puede presumir de haber participado en dos películas de culto durante los ochenta, la vampírica El ansia, y Dentro del laberinto, con ese cardado de pelo imitado por Julia Otero y recuperado por las Supremas de Móstoles.

Si hay músicos que convencen cuando se ponen delante de las cámaras, esos son los artistas de hip hop. En sus canciones y vídeos suelen construirse un personaje exagerado cuya pose no les resulta difícil trasladar a la pantalla. Eminem resultó bastante convincente en 8 millas y Snoop Dogg se lo pasó de miedo haciendo de bizarro propietario de un club en Starsky & Hutch.

Publicado en ADN.es

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