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El nuevo disco de Goldfrapp no se puede bailar

febrero 26, 2008
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Alison Goldfrapp ha decidido guardar en un cajón su disfraz de reina del baile. Aquellos que se enamoraron de su imagen de dominatrix cabaretera y sexual, los que no se cansan de bailar con sus dos discos de electroclash Black cherry y Supernature, tendrán que buscar nueva candidata para ilustrar sus noches de desenfreno y sudor.

Seventh tree, el nuevo disco del dúo que Alison formó con Will Gregory en 1999, huye de bolas de espejo y glamour. La artista confiesa estar tan cansada de su imagen de diva del baile que se ha sacado de la manga una reinvención tan espectacular como la que practicó PJ Harvey el año pasado con White chalk.

Seventh tree es un disco minimalista, que alterna la psicodelia británica más campestre con atmósferas etéreas que recuerdan a Cocteau Twins.

Los frenéticos bits por segundo de discos anteriores se han suprimido por un mayor espacio entre las notas. El dúo no ha compuesto con sintetizadores y prisas, sino en un estudio casero en Bath, recurriendo a la ayuda ocasional de guitarristas y arpistas invitados.

El halo de Alison

En esta ocasión se han dejado coproducir por Flood, uno de los productores fetiche de su casa discográfica Mute Records, en cuyo currículum figuran discos como Violator, de Depeche Mode. Casualmente Goldfrapp eligió recientemente una de las canciones de ese disco, Halo, para conseguir una de las remezclas más brillantes que se hayan hecho nunca del trío británico. Su sonido es muy similar al que puede escucharse en sus nuevas composiciones.

Seventh tree se ha comparado el disco con el debut de Goldfrapp, Felt mountain, pero aquella era una obra misteriosa, pertubadora y nocturna, como si Marlene Dietricht tomara las riendas de Kraftwerk. El nuevo disco es cálido, de mañana de resaca y escapismo mental, con la voz de Alison en primerísimo primer plano.

Algunas de las canciones de Seventh tree, como Happiness, suenan a los Beatles de la era Revolver, mientras que otras, como Eat yourself son nanas cocinada a fuego lento. Caravan girl es de las escasas canciones del disco que se pueden bailar, aunque su esencia es más pop que electrónica.

Cuesta imaginar cómo compaginará Alison Goldrapp estas canciones con su repertorio más festivo. De momento, el dúo ha confirmado una actuación en el Sónar que se presenta como “más acústica e intimista”.

Publicado en ADN.es

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