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Hollywood da el cante

febrero 22, 2008

A Scarlett Johansson se le queda pequeño Hollywood. La actriz de 23 años ya acompañó a The Jesus and Mary Chain en el último Lollapalooza para hacer los coros de Just like honey, pero ahora quiere más. El 20 de mayo sacará al mercado Anywhere I lay my head, un disco con versiones de Tom Waits.

El homenajeado, que además de cantante también es actor, ya ha dado su bendición al proyecto, aunque sus fans se tiran de los pelos. En el fondo, Scarlett no hace más que seguir una tradición, la de intérpretes que prueban suerte en el mundo discográfico, que hasta el momento ha dado resultados entre desalentadores y entrañables.

El toque francés

En los últimos años no ha habido actriz francesa de renombre que no haya publicado disco. Julie Delpy lanzó en 2003 un homónimo e íntimo álbum con resultados más que aceptables. Anna Karina grabó en 2005 Chanson de films, aunque ya había probado suerte por primera vez en 1967, de la mano de Serge Gainsbourg.

Otra musa del cine francés, Jane Birkin, se labró una carrera musical (principalmente de la mano de su pareja, monsieur Gainsbourg) que le ha reportado más reconocimiento que el celuloide.

Francia es una gloriosa excepción. Lo habitual es que cuando un intérprete saque un disco sea para explotar su momento de éxito o engordar su ego, aunque la excusa oficial sea “quiero demostrarle al mundo que sé hacer algo más que cantar”.

Tipos duros, canciones blandas

Gran parte de los héroes de acción de los 80 han hecho sus pinitos en la industria del disco. Chuck Norris cantó el tema principal de Walker, Texas Ranger y Stallone perpetró la canción Too close to paradise en la película La cocina del infierno en plan crooner, como si el Gallo Claudio hubiera poseído a Elvis.

A Steven Seagal, cansado de repartir guantazos y enfrentarse a capos de droga, le entró el arrepentimiento místico y lanzó un par de discos de rock empalagoso y blues blandito, en cuyos vídeos presume tanto de espiritualidad como de injertos de pelo.

Los discos de Seagal se amontonan en las tiendas de segunda mano junto a los de Don Johnson (Heartbeat), Jeff Bridges (Be Here soon) o Eddie Murphy (So happy) con los que, salvo excepciones, ganaron para laca y perdieron credibilidad.

Por malos que sean estos discos, el listón más bajo lo puso años atrás William Shatner, el Capitán Kirk de Star Trek. Discos como The transformed man, a finales de los 60, son buena muestra de su estilo de cantar. Shatner recita, con parones dramáticos, textos incomprensibles musicados con arreglos de lo más psicodélico.

Sus versiones de Lucy in the sky with the diamonds (The Beatles) o Common people (Pulp) son tan malas que dan ganas de quererle. Lo peor de todo es que su compañero Leonard Nemoy (el capitán Spock), le siguió los pasos con discos tan infames como The way I feel.

Al menos David Hasselholf se toma a sí mismo menos en serio, y eso que sus discos se venden muy bien en Suiza o Alemania. Su aberrante versión de Jump in my car fue número uno hace dos años en Reino Unido, además de un éxito en YouTube.

Hasselholf es el máximo defensor del croma después de Hitchcock y George Lucas, y en sus vídeos se le puede ver volando sin complejos junto a sus hijas (disfrazadas de pequeños querubines) o parodiando sus papeles en Los vigilantes de la playa o El coche fantástico.

El ruiseñor y el porno

Mucho antes de correr con botas de goma por playas exóticas, Joselito alternaba su carrera cinematográfica y musical. Al pequeño ruiseñor le cambió el físico y su biografía se llenó de excesos. Pero los Hermanos Calatrava aprovecharon precisamente un físico imposible, que explotaron a fondo en películas como El Ete y el Oto. También probaron suerte en el mundo del disco, con inenarrables versiones de David Bowie (Space Oddity) y líneas como “tome sus pastillas, póngase el yelmo”.

Lindsay Lohan y Paris Hilton no se pierden una. A sus bacanales de sexo y drogas hay que unir ahora discos como Speak o Paris, que se han vendido como rosquillas porque han sabido rodearse del batallón de productores que produce hits para Céline Dion o Britney.

A la estrella del porno Traci Lords no le aconsejaron tan bien. Su disco 1.000 fires es puro tecno machacón y ramplón. Eso sí, puede presumir de haberle hecho coros a canciones de los Ramones y Manic Street Preachers.

Los guapos de Hollywood se lo toman con más calma y tan sólo aspiran a rasguear la guitarra con sus bandas en los tiempos muertos entre rodaje y rodaje. Es el caso de Russell Crowe (30 odd foot of grunts), Keanu Reeves (Dogstar) o Johnny Depp (P).

Otro galán de Hollywood, Robert Mitchum, se adelantó varios años en el tiempo para sacarse de la manga Calypso is like so, fruto de sus estancias en Trinidad. Se trata de un disco de letras polémicas y música exótica que ha aguantado el paso del tiempo mejor de lo que cabría esperar.

Publicado en ADN.es

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