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América y el cine según Paul Thomas Anderson

febrero 15, 2008

pozosEs más que probable que Pozos de ambición suponga el reconocimiento en forma de Oscar de Hollywood a la figura de Paul Thomas Anderson . Lo tiene bien merecido. En sus cinco films hasta la fecha (a los que hay que sumar el corto Cigarettes & Cofee, dirigido en 1992), el joven y autodidacta realizador ha conseguido reformular las convenciones de los géneros clásicos de Hollywood, realizando de paso un enorme fresco de la sociedad norteamericana del siglo XX y principios del XXI.

Miedo en Las Vegas

Su debut en largo tuvo lugar en 1996 con Sydney, una eficaz historia de suspense ambientada en en los casinos de Las Vegas. En su ópera prima, a pesar de contar con un presupuesto de 100.000 dólares, comienza a demostrar su dominio de la puesta en escena, la composición visual de las imágenes y el uso virtuoso de la steadycam (en ocasiones jugando a desafiar las leyes físicas). En Sydney disecciona con bisturí la América del juego y las adicciones. A diferencia de Robert Altman, con quien se le suele comparar, prefiere sacrificar el verismo en los diálogos si eso le impide montar la secuencia perfecta.

El porno no es lo que era

Al igual que en el resto de la filmografía de Paul Thomas Anderson, Boogie nights (1997) tiene múltiples capas y lecturas. En apariencia, narra el ascenso y caída de una estrella del cine porno, Dirk Diggler, incapaz de asimilar los cambios que tienen lugar en la industria con la llegada del porno doméstico.

Sin embargo, el realizador aprovecha el contexto histórico en que se desarrolla la acción (finales de los 70 y principios de los 80), para reflexionar, y nunca juzgar, el propio cambio que tiene lugar en la sociedad norteamericana con la llegada del culto al dinero y la mitificación del Yuppie. Las bolas de espejos de las discos se hacen añicos con la llegada de la cocaína, los saltos a la fama instantáneos y la doble moral practicada en relación al sexo y la violencia en la época Reagan.

Boogie Nights esboza de paso temas como la alienación, el arrepentimiento y las relaciones disfuncionales de pareja y familiares, que pasará a limpio dos años más tarde en Magnolia (1999).

El perdón

Esta producción épica y compleja pretende retratar un momento (la acción se desarrolla en un día) en la vida de nueve personajes de clase media-alta en San Fernando Valley (California). Magnolia no sólo es un prodigio de producción, con esas enormes y fascinantes tomas que ya había ensayado en sus dos películas anteriores, sino una reflexión de fin de siglo sobre la sociedad estadounidense, plagada de referencias bíblicas y claves ocultas.

Aunque la gran urbe proporcione una sensación de falsa seguridad a sus habitantes, ya a salvo de las epidemias y guerras de antaño, éstos se encuentran más perdidos y solitarios que nunca. “A veces la gente necesita ser perdonada”, se dice en un momento del metraje y lo cierto es que el filme está poblado de personajes enfermos, incapaces de comunicarse aunque sea para perdonar o redimirse.

Amor y otras catástrofes

La enorme cultura cinematográfica del realizador proviene, como en el caso de Tarantino, más de las horas pasadas en videoclubs y cines que de estudios teóricos. Anderson conoce los códigos de los géneros lo suficientemente bien como para transgedirlos. Por ello, consigue transformar una comedia romántica protagonizada por Adam Sandler en Embriagado de amor, una de las películas más magnéticas, originales y fascinantes de los últimos años. Sandler da vida a Barry Egan, el propietario de una empresa de artículos de baño presa de incontenibles cambios de humor cuya vida dará un giro dadical al conocer a Lena.

Embriagado de amor es una enciclopedia resumida del cine norteamericano en 90 minutos. Los magnéticos movimientos del protagonista están coreografiados como si se tratara de un músical. El vestuario (especialmente el traje azul brillante de Barry) evoca los tiempos de glorioso tecnicolor, mientras que la narrativa, plagada de gags visuales heredados del cine mudo, cruza la épica de antihéroe a lo Buster Keaton con el surrealismo de David Lynch .

Mal sueño americano

Para su última película, Pozos de ambición, Paul Thomas Anderson ha querido viajar atrás más atrás en el tiempo, para plasmar su visión personal de esas clásicas epopeyas norteamericanas ambientadas en el tránsito al siglo XX protagonizadas por hombres hechos a sí mismos.

Esta historia de pioneros, en cierta medida el reverso tenebroso de Gigante , arremente tanto contra la falsedad de los miles de cultos religiosos que florecen como setas en el territorio como contra la lógica despiadada del capitalismo. El realizador muestrala visión más amarga del sueño americano y de la tierra de las posibilidades, en una película que sabe a polvo y sangre.

Anderson le da la vuelta a los grandes tópicos americanos (la familia, el culto al trabajo y la atractiva épica del lejano oeste). La epopeya de los pioneros primeros años del siglo XX se transofrma aquí en un auténtico viaje a los infiernos, muy alejado de la visión ternurista que tan bien supo vender Hollywood durante décadas sobre el tema.

Publicado en ADN.es

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