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El cine europeo más renovador habla rumano

enero 25, 2008
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rumano

L’Enfant, de los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne se alzó con la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2005. Sin embargo, la simpatía del público se la llevó La muerte del Señor Lazarescu, una modesta película sobre los problemas de un viejo huraño y alcohólico con la sanidad pública rumana. La película, dirigida por Cristi Puiu, cautivó por su descarnado realismo y su humor agridulce, y se acabó haciendo con el premio Una cierta mirada.

Dos años más tarde otro rumano, Christian Mungiu, se alzaba con la Palma de Oro del Festival a la Mejor película con 4 meses, 3 semanas, 2 días, que ahora llega a las pantallas españolas. La película, austera y cruda, abordaba el tema del aborto clandestino en los estertores de la Rumanía comunista, a finales de los 80.

Mungiu y Puiu son sólo la punta de lanza de una nueva explosión de directores rumanos que está triunfando en los festivales internacionales, y que han conseguido que por primera vez en décadas las miradas de la industria y la crítica cinematográfica se dirijan a Rumanía.

¿De qué hablamos cuando hablamos de nuevo cine rumano?

Cuando la prensa comienza a hablar con insistencia de una nueva generación de cineastas, sus integrantes tratan de desvincularse de la etiqueta como si se tratase de la peste. Si bien es cierto que los nuevos directores rumanos no forman parte de ningún movimiento, se pueden detectar una serie de características comunes en sus trabajos.

Lo más llamativo del nuevo cine rumano es su realismo casi documental y su estilo narrativo directo. Rumanía sufrió hasta diciembre de 1989 el severo régimen comunista de Nicolae Ceaucescu. Los cinestas que trabajaron durante el periodo se vieron obligados a incluir en sus películas valores educativos al servicio del régimen, recurrir a floridas metáforas para no molestar a la autoridad o rodar épicas producciones escapistas.

Aquellos directores como Mungiu o Puiu, menores de 40 años, decidieron hacerse cineastas para reaccioner contra este tipo de producciones. Sus películas, a pesar de ser mordaces, no son explícitas críticas directas al régimen anterior. Más bien, como en el caso de 4 meses, 3 semanas, 2 días tratan de entender lo ocurrido. Los últimos treinta años de historia del país se diseccionan en sus películas de forma realista, con ocasionales gotas de humor negro.

Esta generación hace películas que reyuhen los argumentos complicados y las subtramas innecesarias. Se desarrollan en cortos espacios de tiempo (en ocasiones, un día) y sus personajes se mueven en lo cotidiano.

A pesar de que el ámbito geográfico de la narración suele ser Rumanía, los realizadores saben conectan con el público internacional. Si tras su paso por Cannes La muerte del Señor Lazarescu entusiasmó y desconcertó a partes iguales a los espectadores no fue sólo por sus valores cinematográficos, sino porque salieron de la proyección con la sensación de les habían hablado de su propia vida.

Hay escena, pero no industria

Por desgracia, la incontinencia creativa de esta nueva generación de directores rumanos no encuentra reflejo en una industria del cine local carente de infraestructura. Rumanía es un país que supera los 22 millones de habitantes, pero que apenas cuenta con 80 salas de cine.

Si las nuevas producciones quieren asegurarse una buena distribución internacional, necesitan una buena recepción en los festivales. Cuando Mungiu recogió su trofeo en Cannes, no exageraba al afirmar que “es un aliciente para pequeños cineastas de pequeños países, que no necesitan ni grandes presupuestos ni grandes estrellas para hacer una historia que todo el mundo escuche”.

Además de Mungiu o Puiu, conviene tener en cuenta nombres como Radu Muntean, cuyo The paper wil be blue narra el desencanto de un soldado de la milicia que acaba por abrazar la causa de la revolución que tuvo lugar en Rumanía. La revolución rumana también es el centro de la alocada comedia 12:08 East of Bucharest, de Corneliu Porumboiu. Más dura, pero igual de brillante, es Cómo celebré el fin del mundo, de Catalin Mitulescu, ambientada en el último año de la dictadura de Ceaucescu.

Es una pena que Cristian Nemescu no pueda disfrutar de los éxitos de sus compatriotas. Su ópera prima, California Dreamin’ ganó el premio Una cierta mirada en Cannes 2007, pese a carecer de montaje definitivo. Lamentablemente, Nemescu falleció en un accidente de coche poco antes.

Rumanos en Madrid

Todas estas películas podrán verse en el ciclo Nuevo cine rumano, que se proyectará del 6 de febrero al 19 de marzo en La Casa Encendida (Madrid).  El ciclo, que se iniciará con La muerte del señor Lazarescu, incluirá un encuentro entre autores y críticos rumanos y españoles, al que asistirá Mitulescu.

Publicado en ADN.es

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